En un bosque cualquiera, donde los árboles abundan y los animales habitan en ellos, donde un pequeño río corre debajo de un precipicio, y que abajo, al lado del río, se halla un viejo aserradero que funciona con la corriente natural del agua.
En ese bosque, la naturaleza incomprensiva que actúa de forma fría, deja a merced a animales indefensos de aquellos que no lo son, con la imagen de un pequeño conejo blanco de mullido y redondo rabo, perseguido por su cazador, el lobo de mirada penetrante y decidida a atrapar a su presa, con las garras gastadas por la vida de animal salvaje, y el pelaje hirsuto y sucio, que se encuentra en este estado por la constante batalla por sobrevivir.
En la persecución prolongada por todo el bosque, el pequeño conejo hace lo posible por escapar, pero el lobo es rápido y tiene hambre. Ambos corren por toda la vegetación, el conejo se escabulle por debajo de los troncos con presteza, a cubierto de las garras de su atacante. El lobo es sanguinario, pero el conejo astuto, y quiere seguir viviendo -ya que su familia de cincuenta conejitos esperan en casa- El feroz canis lupus lanza una mordida donde el conejo se hallaba, pero el desdichado lobo se golpea fuertemente la cabeza y queda mareado , entonces el otro aprovecha y pasa por debajo entre las patas caninas. El lobo intenta un nuevo ataque y en vez de agarrar su comida, vuelve a agarrase la cabeza contra un árbol.
Y así, en su intento por atrapar a la veloz criaturita blanca, el lobo se golpea una y otra vez, pero ahora el roedor está contra la espada y la pared, en el precipicio. Parece que llegó el fin de ese pequeño animal, entonces el conejo le pregunta al lobo mareado y ya casi fuera de batalla:
-¿Por qué me quieres comer cuando hay otros tantos animales en el bosque que puedes atrapar? preguntó el acorralado orejudo de pálido semblante, como último recurso. Y el cuadrúpedo de pelaje negro contesta - Porque eres el más inofensivo de todos, al que más fácil podré asesinar y luego comer.
-Pero si ya llevas una hora persiguiéndome, estás herido y con la pata aparentemente rota ¿por qué crees que soy inofensivo? preguntó el conejo.-Porque eres pequeño, de un aspecto tierno, tu piel tan suave y tu cola con textura de algodón demuestran que eres inofensivo, un ser débil y por eso he decidido cazarte - expresó el lobo.
Entonces el roedor mueve las orejas y los bigotes como símbolo de burla y dice - Es muy irónico que un ser tan inofensivo y tierno te haya causado tanto daño ¿no crees? - El lobo mostrando los dientes encolerizado, le gruñe lo siguiente - !Eso ya no importa! ahora estás atrapado, eres mío, espero que hayas disfrutado de tu vida silvestre.
Entonces nuestro amigo de orejas largas le suplica que de vuelta y que busque para comer mañana.
Con súplicas, el conejo intenta persuadirlo inútilmente. - No puedes comerme, has cometido un error grave, yo tengo una coneja y cincuenta conejitos esperándome en casa, yo también tengo motivos para vivir, y no dejaré que me mates tan fácil.
El lobo, cansado del coloquio y las burlas, se lanza hacia él, pero nuevamente falla, ya que con velocidad el conejo se había hecho a un lado dejando caer al vencido contrincante al precipicio e impactándose contra el río, mientras con sus ojos rosados, observaba como el cuerpo del lobo se dirigía inevitablemente al aserradero, cuyas cierras inevitablemente partieron su cuerpo a la mitad.
El cuerpo mutilado siguió el curso de todo el aserradero, hasta llegar a tierra. El conejo vencedor, se acercó al cuerpo partido del lobo y curiosamente, yendo en contra de la naturaleza, probó de su carne, y con mirada de satisfacción, había sentido el sabor exquisito que tanto gusto le provocó.
Esa misma tarde llevo a su familia a almorzar a orillas del río cerca del aserradero, !Y qué festín se dieron! todos los conejitos quedaron satisfechos de haber comido tanto en su vida.


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