domingo, 15 de octubre de 2017

Proxeneta de la poesía



Vendo palabras sucias,
pero más que eso, vendo ideas prohibidas.
Versos y frases se envisten
de sus ropajes más provocativos:
los tacones de anáfora; las medias tejidas
con telas de hipérbole.
Las faldas y las bragas, hacen la personificación;
y el escote contrastado
oxímoron cuando se maquillan con la metáfora.

Esta noche las estrofas salen de putas.
salen a la calle a venderse y nadie las quiere,
nadie compra a estos versos
por miedo a contagiarse.
Contrae el pensamiento de los rebeldes
en el coito, haciendo trío con los sonetos,
triángulo amoroso de infidelidades y celos.

Moldeadas en los antros más bajos
inconciliables en la imaginación
del mas degenerado.
La lujuria propagándose, en el aire,
el olor a perfume de sus hojas usadas,
manoseadas por el lector, 
el ser más pervertido.
¡oh! Impetuoso lector, 
depravado tú que te deleitas 
de las meretrices más libertinas:
tus amantes incondicionales, letra por letra,
coma por coma, hasta el punto,
el punto y la coma y el punto final.


Tu cuerpo ya no obedece,
tu voluntad, a merced de las cortesanas
que en tu cuerpo practican la rima,
Sus lenguas te enseñan las maravillas del
lenguaje poético; 
terceto a sexteto, la  lira,
soneto y décima;
el romance en la esquina, mira a los transeúntes de soslayo,
provoca,
y no se anima nadie,
nadie doma a la fiera salvaje.
Y con el verso libre todo se vale:
manos, pies, codos, sudor y pelaje.
Y en su laberinto de líneas dispares,
que sus espacios te sirvan
de cobija para las noches encendidas.
Prepara un lugar en sus recodos,
para que cuando llegues al amanecer
Te encuentres enredado
entre sus epítetos.

Aquí se enfilan las despechadas,
sus gracias las hacen malditas, su sudor,
Sólo es absorbido por los más valientes
lectores, criaturas decadentes;
pero son los poetas, sólo ellos conocen la verdadera virtud
de los desvirtuados, 
los licenciosos, poetas que no descansan
por la anhelada destrucción,
se entregan a la más bestial de todas,
la poesía.

Proxeneta falso... falso,
¿acaso intentas vender a tus dueñas?
 iluso que cree estar
ofreciendo un producto, un producto
que ya lo ha consumido hace tiempo.
Proxeneta fracasado, no puedes controlar,
A las que te controlan. 
Tus palabras,
tus versos, tus estrofas, tus rimas,
esas perras en celo te han manipulado,
¡oh! poeta, insensato, torpe...
en tu mente se borran los tan anhelados sueños de infancia,
pues en tus manos tienes a la vigilia,
sostienes con impúdica fuerza a tu amada maldita
la poesía.

domingo, 8 de octubre de 2017

Trilogía de la brevedad


La promesa


—Prometéme que te vas a quedar conmigo.
—Te lo prometo.
—Promtéme que te vas a quedar en mis brazos.
—Te lo prometo.
—Prometéme que no me vas a gritar cuando lo haga, que no vas a cerrar los ojos, que no vas a soltar ni una sola lágrima.
—Te prometo todo lo que quieras.
Ambos se abrazaron con una fuerza nerviosa y apretaron sus cuerpos, arrimados en la fiebre antes de la penetración.
Sin más preámbulo, ella agarró el cuchillo y penetró su vientre, retorció el metal y lo hundió aún más, hizo un movimiento hacia arriba y la sangre salpicó toda su ropa, desde su escote hasta sus zapatos. Él se había quedado con ella, sin duda. Se había quedado en sus brazos, no cerró los ojos, no soltó ni una sola lágrima.Solamente cayó en el piso sostenido por los brazos de ella, sin decir una sola palabra más: había mantenido sus promesas.


Conjeturas


No entiendo como la gente puede vivir tan tranquila, o qué tácticas usan jugando a la ''mancha escondida'' con la muerte. A veces pienso que sería mejor no cruzar la calle, porque no puedo evitar imaginar que me pase un camión cisterna por encima; no sacar la basura por miedo a torcerme un tobillo en las escaleras y romperme el cuello en la caída; que es mejor no cocinar hoy para no quemarme vivo, y quedar como una túnica de yagas y carne chamuscada con olor a guiso; no ducharme, porque tal vez la luz del baño haga cortocircuito y termine calcinado de nuevo, pero ahora tendido en los azulejos, con las testículos al aire y cara de boludo electrocutado; de que sería mejor no salir a pasear por el parque, o salir a comprar el pan de la esquina para terminar muriendo desmembrado por una manada de jaguares, y desvanecerme viendo como se alejan con algunas de mis piernas o brazos entre sus hocicos; o lo peor: masturbarme hasta que el semen quede obstruido en el conducto eyaculatorio y me exploten los huevos. Tengo miedo de todo eso, y mucho más: pero definitivamente lo que más miedo me da, es pensar que ni siquiera nací todavía.


El vagabundo



Su ropa se desvanecía por el frío viento, hasta que cada partícula, cada átomo deterioraba sus tejidos, y las tiras de su pantalón que se desplazaban con los moribundos pasos que palpaban el rasposo suelo, sólo se podrían comparar al deterioro de su alma.

No hay droga, vicio, ni amorío trágico que deplore tanto a un hombre. Y al igual que el sol bañando su incipiente rostro, con el pelo florecido en su mandíbula, como un vergel abandonado, se asoma por igual de entre su bolsillo una sombra. Acaso es un arma con la cual purgarás la indiferencia del mundo, o tu pasaporte sin retorno por el río Estigia. Tan solo se trata de un mugriento papel, tan sucio como la mano de la que se aferra. Una hoja sucia y amarillenta que narra la historia de un joven que quedó en la inmundicia, tras su mediocre intento de haber querido ser poeta.

Herencias empíricas


—Hay que ser realistas— le dijo un padre a su hijo, cuando este le había pedido un caballo para su cumpleaños.
—¿Qué es la realidad?—replicó el niño.
El padre dudó por un momento y luego contestó:
—Lo que podemos ver.
Su hijo señaló a un perro al otro extremo de la calle que vagaba casi arrastrándose, y pregunta lo siguiente:
—¿Si yo miro hacia otro lado ese perro dejará de sufrir?
El padre se sobresalta y le responde:
—¿Cuál perro?



lunes, 2 de octubre de 2017

Sobre la irracionalidad del pensamiento fatalista explicado desde la ley de causa y efecto



La preocupación de la muerte invade la mente del hombre fatalista, o mal nihilista, cuando este se da cuenta de lo insignificante que es su existencia a comparación de la existencia del universo. Tal cosa es como para morirse de risa, mas todos hemos sido lo suficientemente egocéntricos como para deprimirnos por tal asunto. Si lo miramos desde el orden de las causas y las consecuencias, somos tan ingenuos como para medir nuestras causalidades con las de una super-entidad, cuando nosotros somos menos que micro-entidades. Si bien es cierto que cada movimiento por más ínfimo o insignificante de un planeta puede generar las más ingentes repercusiones, y en eso es cierto que nuestra existencia puede llegar a influenciar al universo, no podemos verlo así desde nuestras preocupaciones mortales. La primer causa que da lugar a la existencia del universo aún permanece desconocida, mientras que nuestros ojos son demasiado miopes para ver la causa final, por lo que reducimos la cuestión al nivel de nuestro astros. Su primer causa fue hace miles de millones de años, y su última consecuencia tal vez aún tarde en llegar, y aún así, aunque hayamos reducido la comparación de causalidades a una insignificante parte de la existencia universal, las series de causas y efectos siguen siendo abismales en número.

Finalmente quedan sólo nuestros registros de causalidad, que en promedio abarcan de 1 a 100 años ¿No es ingenuo entonces querer comparar nuestras causas y efectos con las del universo? Y pese a eso, en apenas ese centenar los acontecimientos que nos mueven son tantos que no pueden estimarse ni calcularse.