lunes, 2 de octubre de 2017

Sobre la irracionalidad del pensamiento fatalista explicado desde la ley de causa y efecto



La preocupación de la muerte invade la mente del hombre fatalista, o mal nihilista, cuando este se da cuenta de lo insignificante que es su existencia a comparación de la existencia del universo. Tal cosa es como para morirse de risa, mas todos hemos sido lo suficientemente egocéntricos como para deprimirnos por tal asunto. Si lo miramos desde el orden de las causas y las consecuencias, somos tan ingenuos como para medir nuestras causalidades con las de una super-entidad, cuando nosotros somos menos que micro-entidades. Si bien es cierto que cada movimiento por más ínfimo o insignificante de un planeta puede generar las más ingentes repercusiones, y en eso es cierto que nuestra existencia puede llegar a influenciar al universo, no podemos verlo así desde nuestras preocupaciones mortales. La primer causa que da lugar a la existencia del universo aún permanece desconocida, mientras que nuestros ojos son demasiado miopes para ver la causa final, por lo que reducimos la cuestión al nivel de nuestro astros. Su primer causa fue hace miles de millones de años, y su última consecuencia tal vez aún tarde en llegar, y aún así, aunque hayamos reducido la comparación de causalidades a una insignificante parte de la existencia universal, las series de causas y efectos siguen siendo abismales en número.

Finalmente quedan sólo nuestros registros de causalidad, que en promedio abarcan de 1 a 100 años ¿No es ingenuo entonces querer comparar nuestras causas y efectos con las del universo? Y pese a eso, en apenas ese centenar los acontecimientos que nos mueven son tantos que no pueden estimarse ni calcularse.

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