lunes, 25 de septiembre de 2017
Tres minicuentos improvisados
Uno
La mamá canta algunas canciones de cuna, y él como ritual de todas las noches, preocupado de que los monstruos existan, le hace la misma pregunta a su madre:
—¿De verdad existen los humanos?
—No mi niño—le contesta ella con dulzura— te prometo que no hay nadie encima de la cama.
Dos
El hombre está en la tienda como siempre, limpiando el mostrador y acomodando los productos, entonces entra un joven desalineado y se dirige al vendedor:
—¿Tiene algo para la depresión?
—Sí, aquí tiene.
El cliente se va contento, mientras el hombre sigue acomodando algunas cajas, hasta que se da cuenta de que el sujeto de hace un momento se había ido sin su caja de municiones.
Tres
Natalia siempre quiso a sus padres, a pesar de que nunca le tuvieron mucha estima. Siendo la menor de las cuatro hermanas, solían compararla con las mayores y le decían que nunca llegaría a ser tan buena como ellas. Eso desalentaba a Natalia, pero nunca perdió el cariño que les tenía, incluso cuando su padre la golpeaba, y su madre sólo se quedaba mirando, cuando no ignorando. Desde los seis años que ella gusta de ir a escondidas a la habitación de sus padres. Hace unos días, ahora con veintiún años ha retomado esa costumbre. Lleva observándolos por una semana, tal es el amor que siente que le corren lágrimas de ternura con sólo verlos dormir, pero ya lleva cinco días haciéndolo y cree conveniente terminar con el asunto, el olor podría ser advertido por los vecinos. Busca la pala en la cochera, pero cuando entra a la habitación y los ve nuevamente, su corazón se llena de ternura, unos días más y ya, se dice.
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