lunes, 12 de diciembre de 2016

El experimento del espejo



En una habitación se encuentran dos personas, una está golpeando a la otra. La habitación es compacta, de unos pocos metros, no hay ningún detalle ni decorado, sólo un foco que alumbra lo suficiente la escena. Pero hay una tercera persona que es testigo de lo que ocurre a través de una ventana, sólo que las otras dos personas creen que se trata de un espejo. La tercera persona ve cómodamente en un sillón, como se le propina la golpiza a la víctima. Atrás de esta tercera persona hay una cuarta que aparece, y empieza un diálogo con el tercer individuo:

-¿Disfruta el espectáculo? – pregunta la cuarta persona.

-Sí- responde el del sillón.

-¿Quién va ganando?

- El que está encima del otro – responde señalando al que arroja los golpes.

-¿Cómo llegaron ahí?

-No sé, ya estaban cuando yo llegué.

-¿Y usted de dónde salió?

-De aquella puerta – señala una puerta que está a la derecha de un vidrio grande que ocupa así toda la pared de atrás de ambos sujetos.

-¿Y por qué se queda mirando?

El tercer sujeto interrogado se encoje de hombros y hace un puchero con los labios, como intentando expresar impotencia.

-¿Pero lo disfruta?

-Ajá…

-¿Y qué tal si ahora pudiera ayudar?, ¿Lo haría?

-Seguro…

-¿Sí?

Ambos se miraban fijo, como planteándose una nueva inquietud. De súbito la primera persona se arroja a la ventana. Lleno de sangre mira fijamente al del sillón. El que está detrás de la ventana bañado en color rojo, suspira fuerte, llora. ‘’¡Ayuda!’’, le suplica, implora que lo salven de la brutal embestida de golpes y fierrazos ‘’¡No sé por qué me hacen esto!’’

-¿Y ahora? – pregunta la cuarta persona que está parada, mirando a la tercera persona, sentada, suscitando un semblante de pánico en sus gestos.

Una puerta aparece repentinamente al costado de la ventana, que da entrada al salón donde ocurre el sanguinario espectáculo.

-¿No piensa ayudar?

El otro no contesta, sólo su cuerpo arroja respuestas de nerviosismo.

-Bien – dice la cuarta persona con parsimonia.

En el otro cuarto, la masacre parece haber terminado. Se distingue un pedazo de carne en el piso que aparenta ser un cuerpo, aunque molido a golpes y palos.

El cuarto sujeto de pie, poniendo una mano en el hombro del tercero, lo mira a los ojos, y luego mira el espejo que se halla detrás de ambos, como señalándolo con la mirada.

-Ahora nos toca a nosotros- dice mientras se le dibuja una leve sonrisa.



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