Hace unos días me puse a pensar en el sinnúmero
de actividades y disciplinas en las que soy un mediocre, pensamiento que
no es fuera de lo habitual, sólo que esa vez con un planteamiento inusual, ¿También soy mediocre escribiendo? La
respuesta no tardó en llegar: sí lo soy.
Pero la pregunta correcta, o siendo más
claro, la pregunta ideal es ¿por qué me sigue gustando la escritura sabiendo que mi prosa no
tiene nada de especial?
Me he sentido frustrado en muchas ocasiones,
en mis intentos de ser medianamente bueno en algo, y siempre he
fallado. Irónicamente es en eso en lo que soy bueno, en fallar, cometer
errores.
Tal vez de todo esto que esté escribiendo
pueda sacar dos o tres cosas buenas de mi, ya tenemos una: cometer errores.
Discúlpame esta abrupta interrupción, pero
todo esto que leerás esta cargado de subjetividad y sentimentalismo
barato e inútil, así que si no quieres perder tu tiempo lo aconsejable es
que leas algo más productivo, una vez hecha esta advertencia, me atrevo a proseguir.
Me engaño a mí mismo, o mejor dicho nos engañamos
al creer que no nos vemos afectados por lo que podrán pensar los demás,
pero la verdad inexorable es que no hay forma definitiva de bloquear las
magnitudes de pensamiento y opinión
de gente externa a nuestra existencia interna.
Nuestra disposición a ignorar voces que se
exhalan de un pulmón lleno de envidia y sed, que no hacen más
que ocultar su tan triste impotencia y resentimiento, convierte a nuestro
inconsciente en un mendigo que escarba en un contenedor de basura para
poder extraer un pequeño pedazo de pan rancio pero comestible.
Lo que trato de decir es, que de todo lo
que se dice, por más podrido que sea el contenido, nuestra conducta
cambia, aunque a un grado ínfimo, casi insignificante, pero cambia.
A lo largo del transcurso de mis tan
precoces años, me he visto impulsado por esas voces de repudio y desaprobación.
Me ha ganado siempre, salvo en esta, que es la razón por la cuál estoy
expresándome.
No soy un buen escritor, tal vez
nunca lo seré, no importa cuantas sean las indulgentes opiniones que
reciba de aquellos quienes nublan su juicio dictado por su mente
prejuiciosa. si bien no me considero un escritor con porvenir que pueda
vivir de lo que escribe, si considero que tengo una capacidad particular
que tal vez sea la razón del porque aparento tener una escritura
aceptable: mi sinceridad.
No conozco muchas formas de manifestarme, escribir
de vez en cuando es el único medio, el único recipiente donde puedo vomitar sin
ensuciar otras superficies.
Cuando escribo no sólo estoy siendo sincero con
otras personas, también lo hago conmigo. A veces el pensamiento no es suficiente
y necesito materializarlo, formatearlo a algo discernible. Por el momento no
conozco otro secreto que no sea ese. Proyectarme en una hoja, en un
patético poema, o en un cuento poco original y mal redactado, o directamente en
un sinceramiento suicida, como en este caso.
Tal vez algún día alcance, con mucha suerte,
la décima parte del potencial de mis adalides, que para mí se figuran como
los semi-dioses de la mitología homérica, o los simbólicos personajes
de la tragedia de sófocles; cuando eso suceda (si es que llega a suceder,
algo improbable) me sentiré satisfecho conmigo mismo.
Incluso los mismos filósofos y algunos
teóricos se han atrevido a considerar a las artes literarias y filosóficas,
(en algunos casos más extremos, todas las ciencias blandas), como materias
inútiles. En ese caso esto es lo ideal para mí, y aunque no crea en el destino,
es como si mi razón de ser se justificara, ya que después de
todo soy un inútil por naturaleza.
Cuando sienta que en un momento leer
y escribir ya no me complete, va a ser el día en el que dejaré de
inmiscuirme entre hojas y palabras. Como cierre, para mi deleite personal, dejo
una breve frase de Goethe, que quizás pueda aplicarse a todo lo que dije
anteriormente:
''Es un gran error creerse más de lo que
uno es, o menos de lo que uno vale''.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario